martes, 2 de abril de 2013

El Guerrero...

He vuelto a soñar con ello…

Espadas clavadas en el suelo, un gran valle cubierto de verde pasto, mas ensombrecido por densas nubes de tormenta. El viento ruge sin cesar, mientras el cabello del viajero le sigue el juego, yendo y viniendo con la ventisca. Lo demás… no he podido verlo.

Tan sólo sé que él mira los cielos y decide continuar su camino. Hacia dónde le lleva, jamás lo sabré, mas puedo sentir su determinación y coraje, pero también siento sueños y un gran cúmulo de emociones. El honor y la grandeza se sienten en cada uno de sus pasos, en su mirada, profunda e inquisidora.

Sueño con ser como él. Sueño con vivir lo que podríamos denominar el bushidō, la forja en el espíritu mismo de valores y principios potentes y dignos, capaces de quitar las sombras que siempre me han de carcomer.

(gi),勇氣 (yūki), (jin), (rei), (makoto), 名誉 (meiyo) y 忠義 (chūgi)… Justicia, Coraje, Benevolencia, Respeto, Honestidad,  Honor y Lealtad, sumándose (kō) o Piedad Filial, (chi) o Sabiduría, y (tei) o Cuidado de los Ancianos. Principios fundados en el confucionismo y desarrollados o potenciados mediante el budismo, el zen y el shintoísmo…

He intentado llevar la vida con las herramientas y fuerzas que tengo a mano. Intento a veces hacerlo con mayor valor y dignidad, mas me cuesta demasiado. Éste es el camino que he elegido, pero muchas veces siento que soy incapaz, que no cumpliría ni siquiera esta miserable expectativa que tengo para mí, y sólo para mí, más allá de cualquier sueño o ideal.

He tratado de llevar justicia, especialmente en mi pensamiento y actos, pero he sido incapaz de imponerla en nuestro entorno. Es cierto que “justicia” pareciera ser demasiado subjetiva en sí misma, especialmente con los grandes problemas éticos y culturales que surgen y desarrollan con cada generación naciente, pero ello no debiera ser justificativo para que muchas veces, siendo capaz, he retenido mi voz y mi mano, tanto por confusión propia como por temor, siendo esto último algo que me disminuye y demuestra cuán indigno realmente soy.

He fallado rotundamente en cuanto “coraje” respecta. Ello me avergüenza. Ello me demuestra que soy incapaz de vivir dignamente, o de tener esperanzas de reformar mi vida a algo mejor.

La benevolencia es algo que trato de aplicar siempre. Sin embargo, es complicado… pues no soy alguien que pueda fiarse tan fácilmente, mucho menos encontrar que los demás realmente necesitan algo que son incapaces de comprender o de desarrollar en sus vidas propias.

He respetado todo cuanto puedo. Incluso he exigido, como corresponde, que me respeten, no imponiéndome, sino que demostrando cuánto respeto he de otorgar. Si no hay reciprocidad, he de demostrar mi indignación. ¿Acaso no es ello lo que se debería hacer? Claro, también se requiere flexibilizar un tanto las cosas, pero siempre debe existir un respeto, aunque se encuentre en lo profundo de cada acto y palabra informal.

Honestidad y Lealtad son elementos que he tratado de plantar a lo largo de toda mi senda desde que decidí vivir con estos principios. Existe una única manera de decir y portar la verdad con tal que esta siga siendo ello: la verdad. Lealtad es única en sí misma, y se debe hacer lo posible para respetar la lealtad hacia los demás, aunque entre estas se transgredan y rivalicen, ¿no?

Pero… honor… Qué concepto más complicado y, quizás, incomprensible. Tan sólo… tan sólo puedo decir que hago mi mejor esfuerzo.

Sin embargo, estos no son los problemas que se encuentran en mis pensamientos. Más allá de mis utopías y búsquedas, mis problemas se encuentran en mis relaciones. Tan pocas y vagas, pero otras más importantes de lo que podría haber pensado.

Un compañero y amigo está en estado grave… y se me hace un nudo en mi interior que no creí sentir por persona que no considero tan, pero tan cercana.

Conozco personas… y, rápidamente, y claramente en contra de lo que yo realmente quisiera, formo una confianza en ellos… y, en algunos mínimos casos, incluso algo de afecto. ¿Acaso tan grande es mi capacidad de otorgar, sin importar que sea confianza, afecto o algo más, que mi ser no puede evitar hacerlo? ¿Acaso no he aprendido suficiente de cómo es la verdadera naturaleza humana, más allá de la animal?

Muchas veces me siento culpable de esto último, pues realmente quisiera tener más control de todo, especialmente porque no quiero tener excusas para muchos pensamientos y expectativas que no sirven más que para alimentar imágenes mentales propias de un púber.

Quisiera dejarme de boberías, terminar con esta no-vida que tengo siempre. Quiero logar cumplir mi sueño de ser como el viajero, un guerrero digno y sabio, lleno de honor y orgullo, magnánimo y con templanza en su justa medida. No quiero ser una leyenda, mas al menos sentirme digno de participar de ella.

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